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Murió la flor - Los Ángeles Negros

Desde hace tiempo espero yo
oír tu voz, sentir tu amor
y ya no sé lo que es reír,
no sé vivir si tú no estás.

Cada rumor que llega a mí
me hace soñar que estás aquí.
Siento tu cuerpo junto a mí
y al despertar tú ya no estás.

Murió la flor y en mí tu esencia se quedó,
y tu risa infantil creo escuchar.
Las noches frías son, no brilla más el sol.
Desde que tú no estás, llorando estoy.

¿Dónde estarás?
¿En qué otros labios mis caricias dejarás?
Mientras que aquí cada recuerdo
es un martirio para mí.

Murió la flor y en mí tu esencia se quedó,
y tu risa infantil creo escuchar.
Las noches frías son, no brilla más el sol.
Desde que tú no estás, llorando estoy.

Amar y vivir - Los ángeles negros

Por qué no han de saber
que te amo vida mía.
Por qué no he de decirlo,
si tu fundes tu alma con el alma mía.

Qué importa si después
me ven llorando un día.
Si acaso me preguntan,
diré que te quiero mucho todavía.

Se vive solamente una vez.
Hay que aprender a querer y a vivir,
hay que saber que la vida
se aleja y no deja llorando quimeras.

No quiero arrenpentirme después
de lo que pudo haber sido y no fue.
Quiero gozar esta vida,
teniéndote cerca de mí hasta que muera.

Qué importa si después
me ven llorando un día.
Si acaso me preguntan,
diré que te quiero,
que te quiero mucho todavía.

Se vive solamente una vez.
Hay que aprender a querer y a vivir,
hay que saber que la vida
se aleja y no deja llorando quimeras.

No quiero arrenpentirme después
de lo que pudo haber sido y no fue.
Quiero gozar esta vida,
teniéndote cerca de mí hasta que muera.


La mujer que tanto amé - Los ángeles negros

Todo fue un cuento de mil una noches,
todo un poema de amor y ternura.
Nos envidiaba hasta el mar que jugaba
a esconderse allá en las dunas.

Tanto vagar en las noches de luna,
era un andar por arenas doradas.
Eran dos almas de amor empapadas
que de quererse jamás se cansaban...

Tuvo en la arena su lecho de espumas,
que hizo por techo un cielo estrellado
y, aunque fue mía una noche en verano,
ya rendida, me engañaba.

Todo fue engaño y falsas promesas,
todo mentiras, qué lindas mentiras.
Era su cuerpo cual fruta de mayo
que en otros brazos también maduraba.

Dónde estás ahora,
mujer que tanto amé.
Tu risa mañanera
sigue despertándome.

Si al volver dijeras, tu olvido no logré;
mi razón diría
mientes, mientes, mientes...
Eres mujer.